Reseña del libro “Una tierra prometida” de Barack Obama


Hablar de Barack Obama es hablar de romper paradigmas, de inspiración y de saber que cuando encuentras los medios materiales para desafiar los convencionalismos más rancios, puedes ser el autor y autora de un antes y un después en la historia mundial.


Y justo a eso nos invita en su prefacio: a rehacer el mundo una vez más.


Es un libro bastante largo, tiene 847 páginas, pero nunca se siente pesado y lo podrías terminar en una semana (o menos) si le dedicas tiempo. “Una tierra prometida” esta es la primera parte de dos, menciona que ya tiene un gran avance de la segunda, pero justo como se dio cuenta que estaba muy largo, decidió dividirlo en dos ediciones.


Me ENCANTA su sinceridad, humor y transparencia. A veces, sentía que leía su diario, que se abría de una forma tan natural y cercana, como si fuese su mejor amiga y me estuviese confiando los momentos más importantes de su vida y de su etapa siendo presidente de Estados Unidos.


Eso sentirás al leerlo, eso logra Barack Obama con su pluma.


Sentir que él y yo, somos amigxs.


También, podríamos decir que “Una tierra prometida” tiene toques de autobiografía, porque nos comparte todo lo que significaron en su vida su abuela, su mamá, crecer en Hawai y trabajar en un Baskin-Robbins, estudiar en Nueva York, los inicios de su relación con Michelle y por supuesto, el inicio de su longeva carrera política y liderazgo social.


Conecté con él cuando dice que desde niño, su refugio han sido los libros, incluso comparte que durante su etapa estudiando en Columbia en Nueva York, vivía como un monje: solo leía, escribía, rellenaba diarios, apenas se dejaba ver en las fiestas universitarias y muy pocas veces tenía para una comida caliente. ¿Valió la pena todo ese sacrifico? Hoy sabemos que sí.


Aunque reconoce que un hábito que no aplaude de esa etapa, fue el fumar.


Obama sentía que algo faltaba en el mundo, confiesa que incluso de muy joven, ni siquiera le interesaba la política, porque la sentía como una actividad muy lejana y corrompida, donde todo ya estaba “arreglado”. Conectaba mucho más con el deporte y la literatura. Posteriormente, ni siquiera estudiando en Harvard, la mejor universidad del mundo sentía que estaba destinado a hacer de su vida algo importante y le daba vértigo el solo pensarlo ¿se imaginan que se hubiese quedado en esa idea y nunca lo hubiera intentado?


Otra cosa con la que conecté con él (otra vez, me encanta su sinceridad), es cuando confiesa que con todos los libros que leía y con todo el conocimiento que absorbía en sus clases de maestría, su lugar favorito era su mente, con esa visión de un mundo mejor que dejaba florecer en el invernadero de ella, entonces, apenas soportaba el golpe de realidad de una mera conversación. No tiene pena en aceptar que eso lo llevó a ser retraído y tímido, incluso con cierta susceptibilidad a sentirse rechazado o hacer el ridículo.


Él mismo se preguntaba ¿cuál era la gran prueba para la que me estaba preparando? Hoy lo sabemos.


Todxs hemos sido Obama una vez, al salir de la Universidad: con grandes ideas, pero ningún lugar adonde ir. “No había movimientos a los que unirse, ningún líder altruista al que seguir”, comparte, entonces él se convirtió en lo que no encontró en ningún lado.


Si bien estudió en Nueva York, algo en su intuición le dijo que debía mudarse para trabajar en Chicago, la ciudad le llamó y acertó, dice que Chicago cambió el curso de su vida, allí comenzó su carrera política y allí conoció a Michelle.


Una de mis partes favoritas fue cuando describe el momento cuando la conoció, en el bufete de abogadas y abogados Sidley & Austin: “era alta, guapa, divertida, extrovertida, generosa y endiabladamente lista; me quedé prendado de ella casi desde el momento que la vi”. Al principio, mientras Barack terminaba su maestría de Derecho en Harvard y Michelle trabajaba en el bufete tuvieron una relación a distancia, con algunas visitas recurrentes. Al graduarse Barack, decidieron vivir juntos en Chicago. Confiesa que dudó en pedirle matrimonio, porque debido a la historia de fracasos en los matrimonios que vio con su madre, el formalizar una relación no era algo importante para él, pero sabía que para Michelle sí.


Se querían, se complementaban, se hacían reír, compartían valores fundamentales, se apoyaban en sus debilidades y lo más importante: formaban un equipo.


Se casaron el 3 de octubre de 1992 en Chicago y un año después con mucho esfuerzo, lograron comprar un departamento en Hyde Park, enfrente del lago Michigan y Promontory Point. Por eso, siempre impulsó políticas de acceso a la vivienda, porque sabía el esfuerzo que hacía una familia para adquirir una propiedad.


En 1995 surge la primera oportunidad política formal para Barack y comparte que antes de tomar una decisión, consulta y medita todo junto a Michelle. Ganó, era Congresista, tuvieron que estar varios días a la semana separados porque Michelle estaba en Chicago y él estaba en la capital del estado, donde era la sede del Senado. Llegó Malia, su primera hija y al pasar tiempo con ella, se dio cuenta de que “no querría estar en ningún lugar del planeta”.


Llegó una época de crisis, se lanzó a una candidatura (Congreso por el Primer Distrito), la cual perdió por treinta puntos, no tenía ni para pagar sus tarjetas de crédito, Michelle se estaba haciendo cargo de todo, estaban pasando por una etapa crítica en su matrimonio y sus reservas de optimismo y energía (a sus casi 40 años), se estaban agotando.


Tres años después, en 2001 nace su segunda hija Sasha. Barack aceptó que tenía que estar más presente con su familia, incluso empezó a plantearse otras opciones fuera de la política, como dar clases, escribir a tiempo completo, ejercer la abogacía o trabajar en alguna asociación civil. Pero confiesa, que por mucho que intentaba convencerse de eso, en el fondo su intuición le decía que la política no había terminado para él y no estaba dispuesto a renunciar a ella.


Entonces, decide lanzarse a una campaña para ser Senador, con la consigna de que si perdía, entonces sí sería el momento de abandonar la política sin remordimientos. Eso sí, no logró esto sin una enorme hazaña de convencimiento con Michelle y sus amistades cercanas.


Dedicaba muchas horas a escribir sus discursos, él mismo los hacía y de esa forma, lograba poco a poco conectar con miles de personas, primero a nivel local y luego, su influencia fue creciendo a otros estados de EUA. Desde un inició, sus discursos lograban imponer la sensación de disolver las diferencias entre todxs y sustituirla por una ola de ilusión. Así le decían.


Ganó por más de 45 puntos, el mayor margen en unas elecciones al Senado en la historia del estado de Illinois. Y con ese puesto, llegó su urgencia de darse cuenta que los cambios para el bienestar de las personas tenían que llegar y hacerse realidad más rápido.


Les comparto este párrafo de su fe en Dios, porque me encantó:


“Nunca he creído demasiado en el destino. Me preocupa que aliente la resignación de quienes no tienen nada y también la complacencia de los poderosos. Tengo la sospecha de que el plan de Dios, sea cual sea, es de una escala demasiado enorme como para incluir nuestras mortales tribulaciones, pues en el transcurso de una sola vida los accidentes y las casualidades determinan más cuestiones de las que nos molestamos en reconocer. Creo que lo mejor que podemos hacer es tratar de alinearnos con lo que sentimos como bueno, intentar sacar algo en claro de nuestra confusión y en todo momento jugar la mano que nos ha tocado con elegancia y coraje.”


Llega el 2006 y aunque dice que presentarse a las elecciones a la presidencia era poco probable, tampoco era imposible. Entonces, llega a la conclusión de que una candidatura presidencial “viable” no era algo con lo que uno se tropieza por coincidencia o que debe tomar a la ligera. Era uno de los líderes más populares de su partido, el Demócrata, eso lo tenía muy claro y además, todos los medios y su círculo cercano le recordaban la conexión que tenía con las juventudes y con las personas que ansiaban una nueva voz.


Uno de sus colabores le dijo: “el poder de inspirar a la gente no es algo frecuente. No eres tú el que elige el momento. Es el momento el que te elige a ti”.


Él lo pensaba demasiado porque sabía las implicaciones que tendría para su familia, lo que más amaba en el mundo: sabía que pondría a Michelle y a sus hijas “en la línea de fuego”, pero confiesa que no podía negar que “sentía una llamada invisible del Universo”.


Al dar sus primeros discursos rumbo a la carrera presidencial dentro de su partido, comparte que sentía que no era él quien hablaba en el escenario, que se sentía en una película y que comprendió que su miedo más profundo llegó cuando se dio cuenta ¡que podía ganar!


Inició la campaña y me encanta la forma tan divertida en que comparte lo que viven las y los candidatos, por ejemplo, cuánto extrañaba a su familia, su cama, su regadera, su comida, pues se la vivía en aviones, largos trayectos de carretera, y se convirtió en una especie de máquina que repetía siempre lo mismo 6 o 7 veces al día en las entrevistas a medios. Confiesa que las partes que más disfrutaba eran reuniones informales y tiempos muertos con su equipo más cercano y sus amigos, porque ahí no era “el candidato, jefe o símbolo”.


Comparte la anécdota cuando Joe Biden (su vicepresidente y hoy presidente de EUA) manifestó que “Barack Obama no estaba preparado para ser presidente de los Estados Unidos”. Y aun así, tuvo la fortaleza de perdonarlo, invitarlo a su equipo y respaldar su candidatura a la presidencia de EUA, ojalá más personas tuvieran esa grandeza de perdonar y reconocer las capacidades de las personas, en lugar de quedarse en el juicio perpetuo.


Barack Obama tenía muy claro que la fórmula para el progreso racial era simple: tenía que ganar, pues la imagen de una persona como él en la Casa Blanca implicaba un gran salto psicológico.


Menciona que el que los Kennedy lo apoyaran, dio un impulso poético a su campaña.


El camino nunca fue fácil, tuvo muchas controversias. Por ejemplo los videos de comentarios violentos y racistas que sacaron del pastor Wright de la iglesia Trinity, quien era muy cercano a él. Eso fue una dura lección y aunque le dolió tuvo que desvincularse, porque si no lo hacía, el precio sería muy alto. Barack tenía muy claro que había mucha gente que quería verlo fracasar y si bien al principio las redes sociales le sirvieron mucho, después, ya en el ejercicio de su papel como presidente, menciona que se volvieron en contra de todo lo que él representaba.


Otra crisis muy fuerte fueron los constantes ataques de violencia política por razón de género que recibía Michelle, lo cual, le afectaba mucho. La juzgaban por su físico, decían que tenía poca “feminidad” y “que siempre estaba enfadada”. El medio Fox la llamó “la mami de Obama”.


Era tanto el “hate” que empezaron a recibir, que sucedió algo inusual: le asignaron seguridad del Servicio Secreto aun siendo candidato y con eso, la espontaneidad desapareció de su vida. Ya no podía ni ir al supermercado solo, ni pararse a platicar con alguien en la banqueta, esto, sin ser aun presidente.


Comparte que cuando fue a Jerusalén, visitó el Muro de las Lamentaciones y le pidió a Dios que lo convirtiera en un instrumento de su voluntad.


Ganó. Barack Obama se convirtió en el cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos. La noche de su primer triunfo, se reunieron en el parque Grant de Chicago más de doscientas mil personas.


Comparte que si bien había estado en la Casa Blanca durante su periodo como Senador, jamás había entrado a la oficina del presidente, el despacho oval, la que fue su oficina durante 8 años. De hecho, recuerda que su primera vez en la Casa Blanca fue cuando era un joven trabajador comunitario y fue a una protesta social para exigir leyes de apoyo a estudiantes, exactamente treinta años antes de entrar como Presidente.


Al leerlo notas lo difícil que es para un presidente el mantener a un buen equipo de trabajo, muchas veces solo vemos al líder, pero para que todo se mantenga en pie en un gobierno, en un gabinete, necesitas a las mejores personas a tu lado. Y esas personas también sienten, tienen familias, sueños, metas, problemas y enfermedades. El equilibrar todo eso, consumía mucho tiempo de su vida y emociones, algo que la ciudadanía casi nunca percibe.


Él mismo lo dice, sabía que “dependía del puñado de personas que hicieran de mis ojos, oídos, manos y pies; de quienes iban a convertirse en mis administradores, ejecutores, facilitadores, analistas, organizadores, líderes de equipos, comunicadores, mediadores, solucionadores de problemas, etcétera”.


Comparte que la primera respuesta de la persona a quien invitó a ser su jefe de gabinete fue “no”, para el “sí” hizo labor de convencimiento.


Nos va compartiendo en largas y profundas pláticas y hazañas como fue armando su equipo, con la consciencia de que “la elección de las personas, reflejaba la elección de las políticas”.


También, comparte todas sus experiencia cercanas a la guerra, con la convicción que lo acompañaba: “creía en la diplomacia y pensaba que la guerra debía ser el último recurso”.


Nos cuenta qué sintió al estar en contacto por primera vez con “la bestia” (el carro del presidente) y con “el balón” (el maletín de cuero que acompaña al presidente de EUA todo el tiempo y contiene los códigos necesarios para autorizar un ataque nuclear).


Dice que aprendió a “actuar normal” frente a su familia, sus amistades y su equipo de trabajo, aunque por dentro sabía que en cualquier momento un ataque nuclear podía suceder y él tenía que tomar decisiones sobre cómo actuar.


Se prometió, desde el primer día que tomó protesta el no aislarse de la protesta social y siempre escuchar el sentir colectivo.


Tanto Michelle como Barack comparten muchas vivencias personales en sus libros, del de Michelle “Becoming” ya tenemos reseña en el blog, aquí les dejo el link: https://www.yulizuarth.com/post/reseña-del-libro-becoming-de-michelle-obama


Ambos coinciden en como la presencia de la mamá de Michelle en la Casa Blanca, les ayudaba a sentirse segurxs, centradxs y a nunca olvidar sus raíces, estas son palabras de Barack: “fue una verdadera bendición tener a mi suegra. Para nosotros se convirtió en el vivo recuerdo de quienes éramos y de donde veníamos, la guardiana de unos valores que ahora nos dábamos cuenta, eran mucho más extraordinarios de lo que habíamos imaginado”.


Buena parte del libro la ocupan las dificultades que tuvo con las tácticas dilatorias del Senado para aprobar las leyes que acompañarían a sus programas, políticas públicas y grandes promesas reformistas de campaña: reformas estructurales en educación, energía y política climática, atención sanitaria, regulación financiera y anti armas. Confiesa de hecho, que esas negociaciones con las y los congresistas terminaron siendo la peor migraña de su presidencia y con base en lo que comparte, ese cabildeo le quitaba mucho tiempo y energía.


Me encantó una práctica que implementó: el que las y los ciudadanos podían escribirle y enviarle cartas, pues quería escuchar directamente a quienes servía y saber el impacto humano de las decisiones que tomaba. A diario llegaban a la Casa Blanca alrededor de 10 mil cartas y correos, y siempre se daba un tiempo a solas para leer las que su equipo de Correspondencia seleccionaba.


Habla con mucha admiración sobre las acciones de Michelle, pues él sabía que el papel tradicional de “primera dama” estaba muy por debajo de las enormes cualidades de Michelle; incluso resentía que ella tuviera que haber abandonado su trabajo en Chicago para mudarse con él a la Casa Blanca. Por eso, respaldó y aplaudió las dos grandes causas que abanderó: la lucha contra la obesidad infantil y el apoyo a las familias de militares.


Él se percataba que Michelle tenía demasiada conexión con las personas, se hablaba de un “efecto Michelle” y era algo con lo que él estaba muy familiarizado porque también se daba en él, comparte.


Por otro lado, Obama se sincera al decir que le sigue atormentando pensar si le faltó audacia para rehacer toda la economía estadounidense en su conjunto, por una más equitativa que sirviera a las familias trabajadoras en lugar de solo a unos cuantos millonarios, incluso piensa que le faltó decisión para meter a la cárcel a algunos delincuentes de cuello blanco. Sobre eso, comparte una anécdota: su suegra y su peluquero le preguntaban por qué ningún ejecutivo bancario estaba en la cárcel.


Y por como la prensa trataba el tema, la ciudadanía llegó a pensar que le preocupaban más los bancos que las y los ciudadanos.


Comparte también lo que sentía cuando visitaba a los soldados heridos por la guerra contra Irán y Afganistán, sus experiencias en las cumbres internacionales como el G8 y el peso que se siente tomar el liderazgo no solo del país, sino del mundo, cuando le decían que una decisión suya podía impactar en la economía y estabilidad global.


Dato curioso: la bestia iba con él a sus viajes internacionales, viajaba en un avión.


Dato curioso: Lula da Silva (ex presidente de Brasil) lo impresionó mucho y a Putin lo describió como un déspota.


Se enorgullece de haber creado en la Casa Blanca la cultura de no buscar “chivos expiatorios”, pues sabía que cualquier error era responsabilidad del presidente, de él mismo, así lo asumía.


En 2009 le anuncian que por su liderazgo para reducir el uso de armas y armar estrategias para la paz mundial, lo habían nominado para recibir el Premio Nobel de la Paz.


Nos cuenta brevemente sobre su reunión con Felipe Calderón para hablar sobre la seguridad en la frontera y cuánto le dolió la no aprobación de la Ley DREAM para apoyar a la población migrante. También comparte cómo tomó la decisión de nadar en las playas de Florida después de la crisis que sufrieron con los estallamientos del petróleo, con la intensión de impulsar el turismo.


Dato curioso: dice que en Nancy’s están los camarones fritos más ricos del planeta.


Dato curioso: Gandhi, Lincoln, King y Mandela tuvieron mucha influencia en su forma de pensar.


Para ir cerrando el libro y empezar a hablar de su reelección, nos comparte que atrapar a Osama Bin Laden (el artífice del atentado en las Torres Gemelas del 11 de septiembre), se convirtió en un asunto de máxima prioridad de su gobierno. Inició un plan formal para dar con él y cada treinta días, le entregaban informes del progreso.


El día que lo lograron, Joe Biden, se acercó a él y le dijo “Felicidades jefe”.


La parte de su segundo período como presidente, la deja para el siguiente libro.


Reconozco que al escribir, encontró una nueva misión al terminar su mandato. ¿A qué más puedes aspirar después de 8 años siendo presidente de una de las potencias del mundo?


Obama nos demuestra que mientras exista pasión en lo que hagas, y lo hagas desde un lugar de amor y sin egolatría, puedes reinventarte una y otra vez. La motivación, se puede reavivar.


Gracias por eso.


Gracias por leer, con amor Yuli Zuarth.


Frases y realizaciones favoritas


  • Todas las personas tienen derecho a rehacer el mundo.

  • Enseñar a las personas a confiar no solo en sus representantes políticos, sino también en los demás, y en ellas mismas.

  • El entusiasmo compensa multitud de deficiencias.

  • La política no tiene por qué ser lo que la gente cree que es. Puede ser algo más.

  • Existe una relación directa entre el trabajo y el hecho de que los sueños se cumplan.

  • El cambio implicaba un “nosotros” y no un “yo”.

  • Hacer causa común con aquellos que buscaban construir un mundo mejor.

  • Era posible entrar en política y salir de ella con el alma intacta.

  • Una combinación de cerebro y corazón, el origen de la sabiduría.

  • La política es el arte de lo posible.

  • Hagas lo que hagas no será suficiente, inténtalo de todos modos.

  • Compartía las esperanzas de mis asesores más jóvenes y los temores de los mayores.

  • Hay momentos de la historia en los que, porque las cosas hayan sido iguales en el pasado, no tienen por qué serlo en el futuro.