Reseña del libro "La guerra contra las mujeres" de Rita Segato


Para mí, los libros son una conversación profunda e íntima con las autoras, en ese sentido, después de leer “La guerra contra las mujeres”, me siento afortunada de haber tomado un café de horas con la doctora Rita Segato.


Aunque también, se sintió como una intensa clase de doctorado.


Leer a Rita no es fácil, pero vale totalmente el esfuerzo, hoy les puedo decir que mi visión del mundo es otra.


Este libro venía resonando en mí desde hace mucho tiempo, desde que inicié mi militancia en el feminismo, la doctora Rita es citada por las investigadoras feministas que más admiro, por eso, era un gran pendiente en mi lista.


El día que lo encontré, en una librería feminista de Oaxaca, no dudé en traerlo conmigo a Chiapas.


La aventura inició y desde la primera página, nada volvió a ser igual.


El mundo y sus formas como lo conocía antes de la doctora Rita, ya no es el mismo.


La militancia feminista te va dando esbozos de nuevas creencias, pensamientos y actitudes, pero una vez que lees a las maestras feministas, confirmas aquello que ya resonaba en tu interior y lo mejor, tienes argumentos para defenderlas.


Eso sentí desde el prólogo, la doctora coincide con ir transitando hacia modelos de justicia menos punitivos (pues “la duplicación de un mal nunca ha sido la respuesta”), para ella, las cárceles son una expansión de los campos de concentración.


Con su lectura me quedó claro que “el pilar, cimiento y pegadogía de todo poder, es el patriarcado”.


Y por eso nuestra radicalidad, y por eso nos llaman exageradas, pero no lo somos, sabemos muy bien el daño que las relaciones verticales y desiguales, causan en nuestras realidades. Sabemos muy bien el peso que tiene el poder que históricamente ha tenido y tiene el patriarcado sobre nosotras, con sus distintas formas de manifestarse.


Por ejemplo, en la violencia sexual, que para la doctora Rita, es un medio que ese orden del poder encuentra para violentarnos, pero siempre ha sido el poder patriarcal, manifestándose de diversas formas, como hoy en día, por medio del internet, convertida en violencia digital.


Pensemos en la conquista, la conquista misma (que por cierto para ella no ha concluido, sigue en marcha), no hubiese sido posible sin el patriarcado, que no solo se apropia de las mujeres, sino también “torna a los hombres dóciles hacia el mandato de masculinidad y vulnerables a la ejemplaridad de la masculinidad victoriosa” por eso, vemos a tantos hombres embelesados por aquellos “líderes conquistadores” con armas y estándares de victoria, sumándose ingenuamente a ellas y aplaudiendo sus triunfos.


Entonces, con base en este análisis, el género es la configuración histórica de todo poder y por lo tanto, de toda violencia, simple y sencillamente porque no hay poder sin violencia: “todo poder es resultado de una expropiación inevitablemente violenta”.


Por eso, tirar al patriarcado ha sido y sigue siendo una tarea titánica y agotadora, pues el enemigo es muy grande, nos enfrentamos a todas las estructuras de poder.


La doctora propone en su libro el termino femigenocidio para aquellos crímenes que se comenten contra la niñez y las mujeres en las guerras, al utilizarles como el tercero inocente y/o víctimas sacrificales y de esa forma enviar un mensaje a los antagonistas.


Seguramente alguna vez se han hecho esta pregunta, yo me la he hecho: ¿cómo se detienen las guerras?


La doctora Rita nos comparte en este libro la respuesta más magistral que he escuchado hasta el momento: “las guerras se detienen desmontando al patriarcado, con la colaboración de los hombres, pues es el mandato y la pedagogía de la masculinidad lo que hace posible la guerra y sin una paz de género no podrá haber ninguna paz verdadera”.


Me encantó escuchar el término “una paz de género”.


Otra solución urgente que propone la doctora es desmontar de una vez por todas el binarismo de lo público – privado, que ya vimos que no ha funcionado y sugiere caminar hacia tecnologías de sociabilidad, rescatar la política doméstica, aprovechar la experiencia de las mujeres, recuperar nuestra politicidad en clave femenina y que los hombres se sumen a ella, que pensemos la política de otra forma, que creemos un nuevo paradigma de la política, donde se recreen sororidades.


Con la doctora, me regresó la esperanza de que otra manera de hacer política es posible: una política de vínculos, de cercanías y no de distancias protocolares y de abstracción burocrática; las mujeres con nuestra historia tenemos arraigo en las relaciones de cercanía, por eso debemos recuperar, hombres y mujeres ese estilo de hacer política con espacios vinculares, contacto corporal estrecho y menos protocolario.


Coincido con la doctora en que la política, tendrá que ser a partir de ahora femenina.


Nos invita a recuperar el tiempo en que el espacio doméstico y sus formas de contacto interpersonal e intercorporal no habían sido clausurados por la emergencia de la esfera pública, pues nuestra práctica no es utópica, sino tópica, nos defendamos de la cosificación de la vida que el patriarcado y lo colonial quisieron imponer.


Les comparto que la doctora es argentina pero visita muy seguido nuestro país, de hecho, acaba de estar en la 9ª Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales #CLACSO en la UNAM en días recientes.


Y a raíz de la sentencia de Campo Algodonero hizo muchas investigaciones en México, en este libro menciona que Ciudad Juárez, Chihuahua “es un lugar emblemático del sufrimiento de las mujeres”.


En el año 2004, al visitar Ciudad Juárez, como primera hipótesis planteó que los feminicidios eran crímenes ininteligibles y de eso se aprovechaban los asesinos para seguir cometiéndolos y expuso también que “los crímenes sexuales no son obra de desviados individuales, enfermos mentales o anomalías sociales, sino expresiones de una estructura simbólica profunda que organiza nuestros actos y fantasías y les confiere inteligibilidad, es decir, el agresor y la colectividad comparten el imaginario de género, hablan el mismo lenguaje, pueden entenderse”.


Por eso, podemos llegar a escuchar, cuando sucede un feminicidio, palabras tan crueles como “se lo merecía” o “se lo buscó”.


En cuanto a los actos de violación que también sucedieron en Ciudad Juárez (y siguen sucediendo en todas partes del mundo, a cada minuto) plantea que es el acto alegórico por excelencia de la definición de la soberanía de Schmitt (2008) “control legislador sobre un territorio y sobre el cuerpo del otro como anexo a ese territorio”.


También, se configura en el marco de esa búsqueda tóxica de la masculinidad que tienen los hombres, pues “la masculinidad es un estatus condicionado a su obtención, que debe ser reconfirmada a lo largo de la vida, mediante la conquista” y tiene un repertorio de gestos que alimentan la virilidad y son perseguidos constantemente por los hombres, entre ellos la violación.


Les comparto este análisis que hizo la doctora de la frontera de México – EUA, refiriéndose a los feminicidios de Ciudad Juárez: “La frontera que separa una de las manos de obra más caras del mundo de una de las manos de obra más baratas. Esa frontera es el escenario del mayor y más prolongado número de ataques y asesinatos de mujeres con modus operandi semejante del que se tiene noticia en “tiempos de paz”.


Una de las aportaciones más ricas de Rita Segado, es cuando plantea que a estas alturas, ya estamos ante un Segundo Estado y Segunda Realidad, que controla y da forma a la vida social por debajo del manto de la ley. Les invitó a ahondar más en este tema.


Siguiendo con el análisis de las violaciones sexuales, tanto las que se dan en el ámbito privado como público, plantea que: las primeras suceden porque el hombre cree que son parte del territorio que ya controlan de un dominio ya existente, y en el segundo caso lo hacen para demostrar que pueden, para exhibir su capacidad de dominio y de renovar sus votos de virilidad, esos que como comentamos, siempre están buscando.


Por último, para el mismo caso de los feminicidios de Ciudad Juárez, plantea que no fueron crímenes comunes de género, sino crímenes corporativos, crímenes de ese Segundo Estado y Segunda Realidad que ella plantea, de un Estado Pararelo y además, se trató de un totalitarismo de provincia y microfascismo regional, donde el cuerpo de las mujeres fue anexado al dominio territorial, por ende, son urgentes la aplicación de formas de legalidad y controles internacionales.


Para Rita Segato, lo que pasó con los feminicidios en Ciudad Juárez equivale a lo que pasó con el Holocausto, en cuanto a su análisis teórico, ético y jurídico, pues ambos crímenes son patrimonio, aprendizaje y lección que pertenece a toda la humanidad, así como el problema del racismo no es solo de quien lo sufre, es un problema de todas y todos.


Pasando al tema de “Las nuevas formas de guerra y el cuerpo de las mujeres” plantea una contradicción muy cierta pues a pesar todas las actuales victorias en el campo del Estado, con la multiplicación de leyes y políticas públicas de protección para las mujeres, nuestra vulnerabilidad frente a la violencia, ha aumentado.


Aunado a esto, principalmente en América Latina, han surgido modalidades de guerras no convencionales en forma de crimen organizado, grupos paramilitares, represión policial y conflictos armados, y lo complicado y peligroso es que este tipo de conflictos no tienen un comienzo o un final, ni ocurren dentro de límites temporales.


Y en lo que concierne a las mujeres, en estas nuevas formas de guerra se ha inscrito un código: la escritura en el cuerpo de las mujeres (Segato, 2006 y 2013), como muestra de la efímera victoria sobre la moral del antagonista.


Porque es en la violencia ejecutada por medios sexuales donde se afirma la destrucción moral del enemigo, al ya no existir en estas nuevas guerras firmas públicas de documentos finales de rendición, se utiliza el cuerpo de las mujeres como el bastidor en que se escribe la derrota moral del enemigo. Se utiliza el cuerpo de las mujeres como medio de humillación a los vencidos por no poder proteger a “sus” mujeres.


Qué fuerte, qué desgarrador, qué impotencia.


Por eso, para Rita Segato, la violación y la tortura sexual de mujeres, niños y jóvenes no son crímenes de motivación sexual (como nos hacen creer para privatizarlos y de esa forma banalizarlos), son crímenes de guerra. Una guerra que debe ser urgentemente redefinida e incorporada con nuevas categorías jurídicas en el Derecho Internacional, en los DDHH y en la Justicia Humanitaria.


Coincido con ella.


También nos recuerda el daño que nos hizo que alguna vez le llamaran a los feminicidios “crímenes de odio”, pues para ella, es una descripción simplista y monocausal, si bien, el odio está presente y se replica el pacto masculino, para Rita, son crímenes de guerra, de soberanía jurisdiccional y de discrecionalidad soberana sobre un territorio. Es el accionar de nuevas formas belicistas de la masculinidad. Los cuerpos de las mujeres son un tercero, una víctima sacrifical, un mensajero en el que se significa, se inscribe el mensaje de soberanía dirigido al antagonista, es su exhibición de barbarie.


Regresamos al término que ella acuñe en este libro “femigenocidio” para referirse a todos esos crímenes que ocurren dentro de estas nuevas formas de guerra en contextos impersonales. Y hace una crítica a las autoridades y algunos grupos feministas que se niegan a abrir el análisis de los femigenocidios, al reducirlos solo a asesinatos que suceden en lo “privado”, pues entonces se sigue perpetuando la idea y los estereotipos de la equivalencia entre “lo femenino e íntimo”.


Segato invita a que estos crímenes de femigenocidios se empiecen a discriminar, investigar en su especifidad y diferencia con protocolos y procedimientos forenses, policiales y jurídicos específicos. Y también nos invita a no solo quedarnos en decir que los crímenes de odio contra las mujeres suceden en lo íntimo, sobre nuestros cuerpos, sino más bien que suceden con todo el peso de dominio del Estado sobre nosotras. Todo ese universo paraestatal que utiliza nuevas formas de victimización del cuerpo femenino basado en el orden de dominación arbitraria y soberana sobre la vida (no solo de las mujeres) de todas las personas y sus territorios.


El que localicemos y desarticulemos este dispositivo de dominio y que hablemos de él, es una tarea urgente, en la que necesitamos a todas y todos.


Tiene un capítulo donde habla del patriarcado, y nos recuerdo la nocividad de la estructura binaria, donde el hombre es el Uno y las mujeres el alter, el otro del Uno como referente de la totalidad.


De esa configuración saltamos a la esfera pública, por lo tanto, para Rita Segato la esfera pública no es otra cosa que la historia del género. Y así, la historia de los hombres y la masculinidad, es el ADN del Estado.


Y nosotras las mujeres, lo Otro, fuimos colocadas en el papel residual y desprovistas de politicidad, por eso, de ese esquema binario y minorizador se derivan todos los daños que afectan no solo la vida de las mujeres, sino los males que afectan a la sociedad contemporánea como un todo.


Propone como soluciones a seguir:

  • Desconfianza hacia la esfera pública

  • Desmontar el Uno universal

  • Pluralizar los dos mundos (lo público y lo privado)

  • Caminar hacia una democracia que defienda el pluralismo

En cuanto al modelo actual coercitivo de belleza y la discusión sobre el aborto, la cito tal cual:


“Nunca hubo más leyes, nunca hubo más clases de derechos humanos para los cuerpos de seguridad, nunca hubo más literatura circulando sobre derechos de la mujer, nunca hubo más premios y reconocimientos por acciones en este campo, y sin embargo las mujeres continuamos muriendo, nuestra vulnerabilidad a la agresión letal y a la tortura hasta la muerte nunca existió de tal forma como hoy en las guerras informales contemporáneas; nuestro cuerpo nunca fue antes tan controlado o medicamente intervenido buscando una alegría obligatoria o la adaptación a un modelo coercitivo de belleza; nunca tampoco como hoy se cerró el cerco de vigilancia sobre el aborto que, sintomáticamente, nunca antes fue un tema de tan acalorada discusión como lo es hoy, en la modernidad avanzada”.


Parece que adivinaba lo que sucedería hace unos días con la enorme regresión en el derecho al aborto de la Corte de Estados Unidos, vean también por favor esta explicación que queda como anillo al dedo:


“La lucha por la descriminalización del aborto no es una lucha para que sea posible la práctica del aborto, pues la ley no ha demostrado capacidad para controlar eso, sino que es la lucha por el acceso y la inscripción en la narrativa jurídica de dos sujetos colectivos en pugna por obtener reconocimiento en el contexto de la nación. La lucha por la autorización o no- autorización del aborto es nada más y nada menos que la confrontación entre pares que pretenden afirmar su existencia y capacidad de influencia en la escena nacional. Una de esas partes es el Vaticano y su representación en el país, ansioso por afirmar ante la nación que todavía tiene retiene una porción importante de poder decisorio sobre su destino”.


Regresando al ADN del estado patriarcal, coincido con la doctora al decir que las violencias contra las mujeres, son también cimiento y pedagogía de todas otras formas de poder y subordinación (racial, imperial, colonial, clase, etcétera).


Expresa que muchos expertos hoy hablan de la “feminización de la guerra” y que el control estatal y la protección del Estado, así como las leyes republicanas son solamente una ficción “un sistema de creencias”, en realidad, no nos protegen, porque todo el Sistema per se, es patriarcal y violento.


Al destruir a las comunidades (con el proceso de modernización para ser Estados), también se destruyeron las formas de politicidad de los espacios domésticos y los hombres emergieron como operadores de toda política (aunque algunas mujeres ocupen los cargos), se masculinizó la institucionalidad y se despolitizaron los vínculos del espacio doméstico, se dio una desdomesticación de la vida y de toda política pública.


Qué cierto. Por eso urge el Sistema Nacional de Cuidados que impulsando los Organismos Internacionales y en México, el INMUJERES.


Estamos ante una minorización de todo lo que no actúe en la “vida pública”. Desmontemos eso, “es de nuestra mano que la historia tendrá que cambiar”.


“Somos las mujeres, con nuestro activismo, quienes mostramos el rumbo y hacemos la historia, es de nuestra mano que la historia camina y ha caminado, dejando a la vista el gran equívoco del arrinconamiento y la parcialización”.


“No es para nosotras, no es parcial, no es particular, no es de la intimidad, no es privado, no es de minoría, sino una estrategia plenamente política y un proyecto histórico de interés general y valor universal que, al romper la estructura monorizadora, introduce precisamente desde su margen otra propuesta y otra política. Las estrategias creadas y puestas en práctica por las mujeres son las que marcan el rumbo e indican el camino para todes”.


“Somos la estabilidad confiable del cotidiano, custodias del arraigo, emblema de la comunidad, responsables de la diversidad genética, expertas en la vida relacional y en la gestión de los lazos de la intimidad, idóneas en las practicas no burocratizables de la vida, capaces de habitar el seguro escondite del espacio domestico otorgándole politicidad, hábiles para sobrevivir”.


No podía no compartirles estos párrafos completos pues me parecen hermosos y si les soy sincera, mis reseñas también me sirven a mí misma, muchas veces, cuando quiero recordar las principales enseñanzas de mis autoras favoritas, regreso a leer mis reseñas. Estos textos son un abrazo a mi alma y un recordatorio de lucha.


Segato, nos invita a no cegarnos ni tener fe cívica en el campo del Estado, no poner todas las fuerzas de nuestra lucha en él, pues el Estado es siempre patriarcal, no puede dejar de serlo, su historia es la historia del patriarcado.


Si bien, no hay que abandonarlo como campo de reivindicaciones, existen también instituciones no estatales, ella propone que el camino sea con el cuerpo en la calle, con la estrategia femenina que siempre hace historia: rehaciendo las formas de vivir, reconstruyendo comunidad, haciendo vínculos fuertes y presionando al Estado.


Pues al final, somos las personas quienes hacemos la historia, la política y construimos nuestros propios mundos.


Más profundamente propone:

  • Hacer política del día a día por fuera del Estado

  • Retejer el tejido comunitario

  • Derrumbar los muros que encapsulan los espacios domésticos

  • Restaurar la politicidad de lo doméstico (como en la vida comunal)

  • Elegir el camino relacional, ser comunidad

  • Practicar la reciprocidad, pues arraiga, localiza y relaciona de forma concreta

  • Arraigo y centralidad de la vida vincular

  • La estrategia a partir de ahora es femenina, dejando de lado el camino de las cosas (meritocrático, productivista, desarrollista y concentrador) y orientándonos hacia el camino de los afectos.

En el capítulo de “Colonialidad y patriarcado moderno” menciona los aportes de mujeres indígenas de Chiapas y plantea lo dañino que ha sido el confinamiento del espacio doméstico y sus habitantes – las mujeres – pues al llamarle “vida privada” se ha desmoronado su valor y munición política, y por ende, su capacidad de participación en las decisiones que afectan a la colectividad. Aunado a que también, se vuelven más vulnerables a la violencia masculina, potenciada por el estrés causado por la presión sobre ellos por el mundo exterior.


Segato plantea que en las comunidades indígenas se configura un patriarcado de baja intensidad puesto que ahí no hay binarismo, hay dualidad. Por eso, en algunas de ellas las estrategias de género de programas de cooperación internacional, fracasan.


El mundo indígena se guía por la formula “desiguales pero distintos”, múltiples, el otro, el distinto, no representa un problema a ser resuelto.


Segato incluye todo un apartado del término que acuña: “femigenocidio”, del que ya hablamos, y lo describe más ampliamente como crimen en el fuero Internacional de los DDHH, donde plantea que la manutención del patriarcado es una cuestión de Estado, y preservar la capacidad letal de los hombres y garantizar que la violencia que cometen permanezca impune es cuestión de Estado.


Y para entrar a la definición de su término “femigenocidio”, primero nombra el de femicidio de la autora costarricense Ana Carcedo y luego “feminicidio” de Marcela Lagarde, argumentó que coincide parcialmente con sus términos puesto que refuerzan la privatización de la violencia de género, cuando lo que ella busca es lograr que quede en el imaginario colectivo que los crímenes tienen el impacto y la magnitud de un genocidio.


Si bien Rita expresa que no puede afirmar que todos lo son, sí invita a abrir un debate en donde se discuta si la mayoría de los crímenes de género tienen una dimensión impersonal y de antagonismo genérico emanada de la estructura de poder jerárquica y patriarcal, pues esa estructura de “relaciones de género” son per se, violentogénica y potencialmente genocida por el hecho de que la masculinidad solo puede alcanzarse por formas de dominio entrelazadas: sexual, bélica, intelectual, política, económica y moral. Y además, esa masculinidad debe ser comprobada y reafirmada constantemente.


Aquí, entra la pregunta que comparte de Katherine MacKinnon ¿existirán tiempos de paz para el género?


Para Rita, se deben analizar los crímenes contra las mujeres con dos tipos de violencia, cuando son móviles personales y cuando son móviles impersonales, y ella destinaría la categoría femicidio a todos los crímenes misóginos que victimizan a las mujeres, tanto en el contexto de relaciones de género interpersonales como impersonales, e introduciría la partícula geno para denominar aquellos feminicidios que se dirigen, con su letalidad, a la mujer como genus – es decir, como género – en condiciones de impersonalidad.


De esta manera, se visibilizará este tipo de agresión de género como forma de exterminio de orden impersonal y se llevará al fuero internacional de los DDHH, así, se presionará a la imaginación colectica a desprivatizar y retirar de su domesticación el papel de la mujer y de lo femenino en las relaciones de poder.


Esto urge porque carecemos de protocolos para crímenes de mujeres en espacios de no relación, donde no existe interpersonalidad de ningún tipo. Rita invita a comprender que hay mujeres que no mueren en el campo de lo íntimo y por eso, los protocolos deben ser adaptados. Esos crímenes para ella, son crímenes de las nuevas formas de guerra, como ya vimos, donde influye por ejemplo el barrio, un determinado grupo, el Estado. Si no separamos estos crímenes, si no se habla de ellos, no pueden ser comprendidos, no se pueden investigar, ni juzgar.


Por ejemplo, si los crímenes de Campo Algodonero no se hubieran llamado violaciones sino tortura sexual, hubieran sido llevados al campo de lo Universal.


Hoy las mujeres están muriendo en campos públicos, que no pueden ser referidos a campos interpersonales, y los protocolos jurídico – policiales deben cambiar según se trate de un escenario u otro.


Siempre se tiende a privatizar y domesticar el destino de las mujeres, lo femenino, esto debe cambiar.


¿Por qué las nuevas guerras se meten con el cuerpo de las mujeres? Para destruir las comunidades y el tejido social porque como dice Segato “la mujer tiene ese papel de puntal, las feministas lo sabemos, de mantener el mundo en pie, de reproducir el mundo”.


“La violencia mundial contra las mujeres es ya otro Holocausto” Ayaan Hirsi Ali


En los Debates Feministas que incluye, regresa a su análisis de la conquista y habla de que como a los hombres se les colonizó, entonces ellos intentan colonizar en casa. Refuerza su teoría de que con el Estado moderno se creó la idea del espacio privado y el binarismo, donde solo lo que se habla en lo público tiene un impacto en la totalidad de las personas. Y las mujeres que están presentes allí, para Rita, tienen que hacer un gran esfuerzo de travestismo y aprendizaje para ser tomadas en cuenta.


Para ella, la modernidad tiene un discurso igualitario que enmascara la desigualdad y en ese sentido, hace una crítica al feminismo institucional pues plantea que se han beneficiado mayoritariamente mujeres blancas y también a la guetificación de la estructura patriarcal.


El libro concluye con una entrevista de Rita, donde amplía sus ideas e hipótesis y donde es muy crítica contra el Estado y su gen patriarcal, por ejemplo, al abordar que la trata aunque sea tan evidente no es tratada por el Estado porque le ayuda a reproducir su poder, por ejemplo, lo que sucede en los burdeles, donde los hombres acuden a cerrar “pactos y tratos políticos” y excluyen completamente a las mujeres de ellos.


Lo que amé de Rita Segato es que siempre ofrece soluciones, por ejemplo, ante la guerra:

  • Devolver fuero comunitario

  • Garantizar mecanismos de deliberación interna

  • Restituir la ciudadanía comunitaria

  • Comunidades con tejido social vigoroso y políticamente activas

  • Economías de reciprocidad y solidaridad

  • Ofrecer sentido de vida

Cuando todo esto existe, la muerte como proyecto es rechazada.


Para Segato “two wrongs don’t make a right” por eso, invita a transitar hacia un feminismo anti – punitivista.


No podemos detener los crímenes ni con ley ni con cárcel, la sociedad tienen que cambiar, que dejen de ser comportamientos sociales normalizados. El mal está en la sociedad, en como se reproduce la célula de dominación patriarcal como primera pedagogía de dominación y violencia.


En su conclusión, comparte que la violencia de género es la incubadora de todas las otras formas de violencia, por ejemplo el robo y la guerra. Todo se aprende en casa, pues es la primera pedagogía opresiva y violenta que luego se replica en todas las escalas. La estructura binaria opresiva es inherentemente violencia (papá autoridad, mamá cuidadora)


Cierra diciendo que urge una convención internacional para formular la categoría jurídica del femigenocicio y nuevas formas de guerra, porque una justicia sin publicidad es inocua.


Y nos deja como tareas urgentes desmontar el mandato de mascunilidad cuyas primeras víctimas son los hombres, les quita su empatía y les hace crueles, con tal de demostrar su prestigio masculino. Eso, nos está matando.


Más amor, más empatía, menos machismo, siempre.


Gracias por leer, con amor, Yuli Zuarth.