Reseña del libro "Albúm de familia" de Rosario Castellanos

Actualizado: 17 nov


Fotografía tomada en el Museo Rosario Castellanos de Comitán de Domínguez, Chiapas

Sinceridad y transparencia feminista. Si tuviera que resumir en una frase lo que para mí es este libro, sería eso. Me identifiqué con Rosario en cada página. Es maravilloso como, siendo una mujer que vivió en una época completamente diferente a la mía, llegó a sentir lo mismo que yo experimento un sábado a medio día en mi casa situada en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.


No recuerdo cómo llegó este libro a mis manos, pero sí tengo claro que es el tercero que leo de ella, ya tienen reseña de los primeros dos: Balún Canán y Mujer que sabe latín. Me emociona saber que me faltan varios por leer, como Oficio de tinieblas, que seguramente será el próximo.


Albúm de familia consta de una serie de relatos que desafían lo tradicional, lo que se nos imponía, lo que el patriarcado quería para nosotras: ser mujeres abnegadas, sumisas y a disposición de las órdenes del amo (padre, marido, hermano), ustedes pónganle rostro.


El primer cuento es magistral, se llama “Lección de cocina” y ejemplifica la desconexión que ella sentía por las labores del hogar, específicamente por cocinar.


Comparte que nunca se sintió parte de la cocina, cuestiona por qué asumen que las mujeres “nacemos con un don para la cocinar” o “para cuidar a un bebé”, para ella no es así, o al menos ella no sentía que había nacido con ese don.


Puedo imaginar cuántas mujeres nos sentimos identificadas con eso.


Muy parecido a cuando Simone de Beauvoir dijo: “no se nace mujer, se llega a serlo”, podríamos decir que “no nacemos con el don, nos lo imponen” y nos obligamos a creer que es “natural”.


Pero luego llegan mujeres valientes como Rosario Castellanos que nos invitan a cuestionarlo y estar cómodas con no haber “nacido con ese don”, porque simplemente es una falacia, y, al contrario, sí haber nacido con otros dones como el escribir, recitar, cantar, resolver fórmulas matemáticas, gobernar un país o ganar el Premio Nobel de Economía.


Rosario describe el sentimiento de usurpación y lejanía que puedes sentir cuando no disfrutas cocinar y tienes que ponerte un delantal: “el delantal que usurpo”, lo llama ella. También, pone sobre la mesa la cuestión de extrañeza que sentían las mujeres cuando les obligaban a usar el apellido del esposo, en lugar del propio.


Plantea también la virginidad, como algo que no elegimos, si no que también nos imponen. Siendo esto, como también planteaba Simone de Beauvoir en el Segundo Sexo, lo que ha llevado a tantas mujeres a sufrir rigidez y no disfrutar su sexualidad.


Aborda, desde aquellos años (1971) la problemática del trabajo del hogar no remunerado: “he de mantener la casa impecable, la ropa lista, el ritmo de la alimentación infalible. Pero no se me paga ningún sueldo, no se me concede un día libre a la semana, no puedo cambiar de amo”, incluidas las exigencias de abnegación, belleza y perfección emocional que imponen el patriarcado y la sociedad capitalista.


Con su genialidad, Rosario une en un mismo relato el cocinar un trozo de carne con la angustia que causa en las mujeres la falta de igualdad en las relaciones de pareja y la falta de corresponsabilidad en las tareas del hogar.


Se cuestiona que no porque haya sido un lugar común en su época el ser una mujer/esposa abnegada y feliz, ella tenía que seguir la regla, y precisamente por su rebeldía, cuestionamiento y sinceridad feminista, muchas hemos logrado avanzar a donde hoy estamos.


Gracias Rosario, gracias Simone, gracias Marcela Lagarde, gracias a todas.


El segundo relato se llama “Domingo”, allí aborda la disyuntiva que vive una mujer que por dentro ya no quiere seguir en una relación de pareja, pero por “guardar las apariencias”, no entrar en conflictos de las propiedades o el cuidado de las hijas e hijos, la soporta y sigue en ella, siendo esto una forma de tortura diaria, buscando escapes cotidianos para aguantar.


En este relato, deja claro su postura a favor del aborto.


El tercer relato se llama “Cabecita blanca”, allí aborda la forma en cómo antes (y no me gustaría decirlo, pero tristemente sigue pasando), se tiene la machista visión de que una violación es culpa de la víctima.


Relata el sufrimiento que vive una mujer al aguantar una infidelidad para no hacer escándalos y también plantea cómo, en esa época se tenían que esconder con mil maromas las preferencias sexuales de las y los hijos, el tener un hijo gay o una hija lesbiana era inaceptable.


El cuarto relato es “Álbum de familia”, como el título del libro y se trata de conversaciones entre mujeres, siendo una de ellas una famosa escritora que recibirá un premio y reúne a sus antiguas amigas de estudios, junto a dos jóvenes escritoras, en el relato todas van planteando sus experiencias y cicatrices de vida.


Aquí, plantea cómo fue su relación con la prensa, nos deja ver que la llenaban de mentiras, chismes, impertinencias, indiscreciones y juicios hacia su vida privada. También, comparte en una frase lo que se decía en ese entonces de las feministas (y a lo que seguramente se enfrentó): que estábamos locas, que no merecíamos la confianza de los hombres, ni la amistad de las mujeres.


En este último cuento, también hace gala de su enorme orgullo por ser mexicana y por el triunfo de la revolución mexicana: “sui generis” la llama.


Describe a México como un país que progresaba a pasos acelerados y que cada día, alcanzaba metas de justicia social.


Dentro de su crítica a la prensa, incluye su malestar con un cuestionamiento que seguramente tuvo que enfrentar constantemente: por qué como mujer recibía tantos premios internacionales. La prensa era misógina (sigue siendo).


Vuelve a reiterar su rechazo al constructo social de la virginidad y menciona que México está listo para tener una mujer presidenta, dice que el que eso suceda “es cuestión de tiempo”. Ojalá Rosario, ojalá.


Por otro lado, relata el duelo que siente una mujer que se enfrenta a la esterilidad y encuentra refugio en las letras. Pero eso le cuesta tener que pintar una raya con su familia, para evitar sus constantes juicios en lugar de apoyo, a pesar de que ella solo tomó la libre decisión de entregarse a la vocación de escritora. Este hecho, le marcó tanto como el “diagnóstico de una enfermedad mortal”, plantea.


Aborda lo que pasa cuando llega la fama y se convierte en ruido, confusión y despojo, porque ya no tenía tiempo para escucharse a sí misma y a sus secretos, extrañaba el privilegio del anonimato. Pero al mismo tiempo, sabía que el no mostrarse también la torturaría, por ello, expresa de una manera magistral la disyuntiva en la que vivía, usa la metáfora de un insecto en la miel para ello.


Conecté muchísimo con ella cuando relata la soledad en la que solemos vivir quienes somos personas apasionadas con la lectura y la escritura: “Estamos absortos. Y los que nos rodean no advierten más que nuestra distracción, nuestra falta de interés en los asuntos comunes y se desesperan y nos hacen reproches y acaban por abandonarnos. No es que el poeta busque la soledad, es que la encuentra".


Para ella, los libros son refugio, es convivir con fantasmas y que después de una experiencia catastrófica, puedes regresar con más lucidez a ellos, las virtudes literarias se cultivan con constancia. Coincido también.


Respecto al sexo, dice que la abstención de éste lleva a la locura, y por otro lado aborda el acoso y hostigamiento sexual que pueden sufrir las niñas y jóvenes en el ámbito escolar.


Vuelve a plantear aquí su descontento con el matrimonio, diciendo que es una aniquilación, una forma de reducir al otro a la esclavitud, una batalla constante y que, si perduran, es porque uno de los dos se rinde y en México, generalmente es la mujer, menciona.


A través de un personaje de este relato, hace una crítica a quienes, por falta de oportunidades, por ataduras patriarcales y por falta de apoyo, renuncian a sus pasiones, a sus talentos, a sus virtudes, específicamente aquí cuestiona a una mujer que nunca desarrolló su pasión por la poesía, eclipsada por su jefa, tal vez intenta mostrar las luchas internas y renuncias por las que ella pasó para poder desempeñar su pasión por las letras.


Gracias Rosario, por darnos un retrato del mito de la mujer mexicana que experimentaste en tu paso por este mundo y gracias también, por dotarnos de las herramientas, palabras y sobre todo de la valentía, para desterrarlo y alimentar la fuerza para seguir nuestra vocación.


Gracias por leer.

Con amor, Yuli Zuarth.


Frases favoritas


  • “La vocación es la incapacidad total de hacer cualquiera otra cosa”

  • “Ya no hay puesto que se considere inaccesible para una mujer”

  • “Elegir es rechazar, rechazar es limitarse y limitarse es morir”

  • “No es que el poeta busque la soledad, es que la encuentra"

  • “Fue entonces cuando comencé a escribir, cuando ya no pude continuar resistiéndome a aceptar mi destino”

  • “La tristeza del bien ajeno, la envidia, no es más que miopía. No percibimos más que lo inmediato y, hasta eso, ni siquiera en su totalidad”

  • “Un libro es la condensación de un estado de conciencia, pero la condensación no se logra sino por un esfuerzo de la voluntad”

  • “Quien no atiende su vocación y no realiza su destino, muere”